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Como flores marchitas tras un invierno imponente
Divagan corazones dormidos con ojos abiertos
Lumbreras que casi se apagan
Rostros que palidecen por la figura de un amor divino ausente en su ser
Casi que se escuchan los gritos del que palpita incesante
Aguerrido corazón, deseoso de los oasis de su boca
Cómo puedes detener el sonido de sus palabras
Cómo puedes silenciar las muestras de su amor carmesí
Reflejados en el Gólgota agonizante
Sus oídos sólo esperan oír los pasos de los que anuncian la Paz
Deja que su pasión fluya en tus palabras
Deja que reverdezcan sus cuidados tras tus abrazos
Que el consuelo sea tu amigo
Y que todos le conozcan

Helen Alvarez